martes, 10 de junio de 2008

Crónica de mi cuarenta de mayo


Acabo ahora un puente de la Región con dos mitades: si bien fui atraído por las barras de los bares jueves, viernes y sábado, el domingo y hoy lunes he tenido sesión de sofá, deportes por doquier y una tranquilidad tan necesaria como inusual.

Son varias las cosas destacables que han sucedido a lo largo de estos días. El jueves fue graciosillo. Por Princesa la cosa marchó bastante bien, finalizando con txacolí uno de los muchos encuentros que vamos a tener en el próximo mes. prolongando después a lo tranqui por garitos peculiares del callejero murciano eso sí, con sonrisa de oreja a oreja. El viernes de vuelta hacia Yakka, donde la noche me reservaba una prolongación de desfase en ese maldito bar de la calle Don Lucio de cuyo nombre no me quiero acordar, pero del que posiblemente pueda hablar el abuelo, el padre, el hijo y, quien sabe, si el nieto.

Con el cansancio a cuestas provocado por el fugaz sueño y el reparto matutino de panfletos a favor del Tercer Instituto Público, me dirigí en grata compañía de la familia Val Palao hacia Villena, donde la Banda de la Asociación de Amigos de la Música de Yecla afrontaba un Certamen Nacional de música de Moros y Cristianos. Sencillamente memorable. Esta vez sí, por fín se cumplió el famoso eslogan de "nos van a oir", y el primer puesto fue para este fantástico grupo que son realmente buenos y que tienen algo que les diferencia sobre el resto: una pasión desbordante por la música que, junto a su complicidad y al pedazo de director que tienen, transmiten a todo aquel que les escucha.

Ya en domingo, volví a saber lo que es tener un domingo sin nada, con unas buenas mantas (¡parece mentira que estemos a junio, pero que siga la lluvia!), amplia previsión de pipas y golosinas, el mando de la tele y una jornada deportiva casi insuperable. Empecé con las motos, y de ahí rumbo a París. No sé ni como describir el pedazo de baño que le dio el gran Nadal al número uno del mundo, el admirado caballero Federer. Con semejante espectáculo, me pasé a ver a una discreta Croacia, y entre trompo de Alonso y cagada de Hamilton, presencié la arisca Alemania que siempre tiene papeletas para la final. Hasta Cuarto Milenio me tragué, con unas catacumbas que dan miedo para culminar esta relajante jornada.

Ya en el día de la Región, y pese a las condiciones metereológicas, me he ido al campo, a esa Boquera del Carche que tanto me gusta. Gachasmiguitas en familia, paseo rural y alguna que otra cosa de esas tremendamente insignificantes que me hacen feliz, como el andar por bancales embarrizados hundiendo mis fies en el fango, jugar con la lumbre o espiar a las ranas mientras reposan tranquilas en la orilla del agua.

Me marcho a dormir que son horas, os dejo con una canción algo desfasada que me ha perseguido en contra de mi voluntad durante los últimos días.


No hay comentarios: